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No culpen a la Ley Agrícola de la obesidad

Los crecientes índices de obesidad en Estados Unidos están infligiendo un alto costo en la sociedad. En la búsqueda de soluciones, mucha gente ha culpado a los subsidios agrícolas federales de los actuales problemas de obesidad. La Ley Agrícola será sometida a una reaprobación este año. En estos momentos en los que el Congreso considera algunos cambios, creo que es importante entender que la Ley Agrícola no es culpable del creciente aumento de peso entre los estadounidenses.
Puede verse como obvio que los subsidios hacen que ciertos alimentos sean más baratos y con ello contribuyan al consumo excesivo, pero cada análisis serio hecho por economistas sobre esta relación ha determinado que esa idea es falsa. De hecho, las políticas agrícolas de EUA (U.S. farm policies) han tenido, por lo general, efectos modestos y mixtos en los precios y cantidades de los productos agrícolas; el efecto general en los precios que pagan los consumidores de EUA por alimentos ha sido insignificante; por consecuencia, el eliminar las políticas agrícolas tendría una influencia insignificante en los patrones dietéticos y la obesidad.
Los subsidios han resultado, en algunas ocasiones, en una reducción de los precios de algunos productos agrícolas en EUA, como ciertos alimentos de granos o granos forrajeros y consecuentemente en un menor costo en la producción de cereales para desayuno, pan y productos ganaderos. Pero, en estos casos, el efecto de los subsidios en la reducción de precios (y un mayor consumo) ha sido contenido (o hasta revertido) por la imposición de políticas adicionales que restringían las superficie de acres de producción. Además, durante más de una década, alrededor de la mitad de los pagos de subsidios ha proveído incentivos limitados para incrementar la producción porque las cantidades pagadas a los productores se basaron en superficies en acres y producción del pasado, en lugar de tomar en cuenta la producción actual. Por otra parte, debido a los productos que están sujetos a las barreras de importación de EUA, el efecto de la política es incrementar los precios agrícolas y de alimentos localmente, proveyendo un desincentivo para consumir alimentos que usan estos productos como ingredientes. Las barreras comerciales que se aplican al azúcar, productos lácteos, jugo de naranja y carne importados causa que los precios de estos productos agrícolas se incrementen y por lo tanto, incrementen su costo y desalienten el consumo de alimentos que contienen estos productos.
¿Y qué pasa con el maíz? Los subsidios agrícolas son los responsables del incremento en el uso de maíz para producir jarabe de maíz de alta fructosa (HFCS, por sus siglas en inglés) el cual es un endulzante calórico, pero no de la forma en la que con frecuencia se sugiere. El culpable aquí no son los subsidios para el maíz, sino la política del azúcar que ha restringido las importaciones, incrementando el precio del azúcar en EUA y motivando a los consumidores y productores de alimentos a reemplazar el azúcar con alternativas endulzantes calóricas o HFCS. Si combinamos la política del azúcar con la del maíz, el efecto neto de los subsidios agrícolas ha sido incrementar el precio de los endulzantes calóricos en general y desalentar el consumo total mientras se provoca un cambio en el uso de endulzantes, de azúcar a los HFCS. Esta falta de motivación ha sido incrementada recientemente por la política de EUA sobre bio combustibles. La actual política de EUA sobre etanol beneficia a los cultivadores de maíz del país al incrementar la demanda de maíz como materia prima. Este subsidio efectivo a los cultivadores de maíz contrarresta mucho más el impacto de otras políticas agrícolas que pueden incrementar la disponibilidad de maíz para uso en alimentos y materia prima. Por lo tanto, el efecto general del conjunto completo de políticas es hacer que todos los alimentos a base de maíz sean más costosos, y no más baratos para los consumidores.
Aún cuando los efectos de la política de los precios de los productos agrícolas fueran grandes y apuntaran a contribuir a la obesidad, el impacto final en los precios de los alimentos sería comparativamente pequeño. Los productos agrícolas que se usan como ingredientes representan una pequeña porción del costo total de los productos alimenticios que se venden al menudeo, y esta porción se ha ido reduciendo en todos los productos agrícolas durante las últimas tres décadas. En promedio, el costo proporcional de los productos agrícolas es de aproximadamente 20 por ciento, pero varía ampliamente: para los granos, azúcar y oleaginosas es de menos del 10 por ciento; para los refrescos gaseosos, un producto que con frecuencia se asocia a la obesidad, la proporción es de aproximadamente 2 por ciento.
Las políticas agrícolas de EUA podrían ser vistas como injustas e ineficientes. Pero ya sea que nos gusten o no estas políticas por otras razones, sus efectos en la obesidad son insignificantes. Los subsidios agrícolas son una maniobra distractora en el contexto de obesidad al igual que la obesidad es una maniobra distractora en el contexto de la política de subsidios agrícolas. Nuestro cuidadoso análisis cuantitativo de estos temas indica que en su mayor parte, las políticas de subsidios agrícolas de EUA han ayudado a reducir los precios de los productos de manera significativa, ni han tenido un efecto significativo en el consumo calórico. De hecho, si se eliminaran todos los subsidios agrícolas, incluyendo los proveídos indirectamente por las barreras comerciales, ello podría, en todo caso, llevar a un incremento en el consumo anual per cápita de calorías y un incremento en el peso corporal. Lo más probable es que las políticas agrícolas han ayudado a disminuir el incremento de la obesidad en Estados Unidos—pero cualquiera que sea el efecto, debe ser pequeño. Comparado a otros factores, las diferencias inducidas por las políticas en precios relativos de los productos agrícolas han jugado sólo un pequeñísimo papel en determinar el consumo excesivo de alimentos y la obesidad en Estados Unidos.
Julian Alston es profesor el Departamento de Economía Agrícola y de Recursos de la Universidad de California en Davis y miembro de la Fundación Giannini de Economía Agrícola de la Universidad de California
/span>Proyecto de Ley Agrícola de EUA, ¿qué está en juego?
El Proyecto de Ley Agrícola de Estados Unidos va a ser renovado este año y lo que pase con esta legislación de 400 mil millones de dólares y más de 5,000 páginas afectará lo que comerán decenas de millones de estadounidenses — y también lo que no comerán — en los próximos años. El pasado 5 de abril, la Facultad de Recursos Naturales de UC Berkeley proporcionó comentarios muy útiles, con un panel de reconocidos expertos en el tema, al instar al público a hacer oír sus voces en la búsqueda de la forma de, como la panelista Karen Ross, Secretaria del Departamento de Alimentos y Agricultura de California, lo indicó “acercar más a agricultores y consumidores”.
Al mirar la historia de la iniciativa de ley, no es sorprendente que los dos grupos se hayan separado. La ley agrícola fue implementada durante la Gran Depresión en la década de los 30 con el fin de incrementar los precios de los productos y el ingreso de los granjeros, dijo Gordon Rausser, profesor de economía y recursos agrícolas y moderador del evento. Los productos en los que se enfocó — granos comestibles, granos de pienso, productos lácteos, tabaco y cacahuates — se convirtieron en fuerzas políticas arolladoras mientras que muchos de los alimentos en nuestras mesas — frutas, verduras y nueces — fueron relegados a la categoría de “cultivos especializados”.
El brócoli y las naranjas….¿cultivos especializados? “Eso es lo que cultivamos aquí en California”, mencionó Ross. Y eso es lo que se encuentra en el plato de alimentos del Departamento de Agricultura de EUA. La funcionaria manifestó que en los últimos 15 años estos cultivadores han tomado un papel más activo en el proyecto de ley agrícola para asegurarse que no se les margine más.
Durante ocho décadas, el proyecto de ley se ha transformado de un proyecto de ley de granjas a uno de alimentos, según mencionaron los panelistas. Un 77 por ciento del proyecto de ley ahora apoya al Programa Federal de Asistencia de Nutrición Suplementaria (Supplemental Nutritional Assistance Program), conocido por sus siglas en inglés como SNAP, la reinvención del programa de estampillas o cupones de alimentos.
Ken Hecht, quien se acaba de jubilar de su cargo como director de Promotores de Políticas Alimentarias de California (California Food Policy Advocates), ofreció algunos datos sobre los beneficiarios de SNAP:
- 50 por ciento pertenecen a hogares de trabajadores
- 93 por ciento viven por debajo del nivel de pobreza
- 50 por ciento son niños
- 75 por ciento son hogares con niños
“Hay 1.3 millones de niños que están recibiendo suficientes alimentos debido a este programa”, dijo Hecht, agregando que el programa “evita todas esas consecuencias provocadas por la inseguridad alimentaria que todos conocemos: falta de nutrición y salud adecuadas, y falta de oportunidades, rendimiento académico y desarrollo social”. El programa no sólo ayuda a sus participantes, indicó Hecht, sino también al resto de las personas en la comunidad.
Además de SNAP, durante la presentación también surgió el tema del apoyo a la agricultura sostenible. Con el fin de que se entendiera, el autor de In Defense of Food (En Defensa de los Alimentos) y profesor de periodismo en UC Berkeley, Michael Pollan, ofreció a la audiencia la perspectiva de un marciano: nosotros los terrícolas estamos en este momento comiendo petróleo en lugar de luz solar. A lo que él se refirió como el “almuerzo gratuito de fotosíntesis” fue intercambiado a partir de la década de los 40, por una agricultura industrializada y de alta producción que depende de pesticidas, maquinaria y grandes corrales de engorde. Pollan señaló que mientras que los agricultores tuvieron un enorme éxito en la obtención de sus metas de producción, los costos vinculados al medio ambiente colocan a la agricultura en la segunda posición, después de los automóviles, en producir combustible fósil y en la productora de un 20 a 30 por ciento de los gases de efecto de invernadero de todo el país.
Pollan recomienda que debería aplicarse un criterio simple a cada provisión del proyecto de ley agrícola, desde el apoyo a los mercados de granjeros, hasta el programa SNAP y las estructuras de pago poco claras: “La pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos es ¿está esto empujando a la agricultura de regreso al sol o la está dejando para que siga dependiendo del combustible fósil?”, perguntó el experto. “Creo que ese es el estándar que necesitamos aplicar”.
Luego hizo énfasis en la conexión que existe entre buenas prácticas alimentarias y buenas prácticas del medio ambiente, y llamó a SNAP la prioridad número uno de EWG. “Estamos tratando de inyectar el tema de buena alimentación al proyecto del ley agrícola como una preocupación legítima de la política pública”, indicó. Enseguida citó un programa piloto de botanas saludables, en el que los evaluadores conocieron a estudiantes que nunca antes habían visto una piña, un apio o zanahorias. “Deberíamos estar dedicando miles de millones a este programa ... para que los niños se interesen en frutas y verduras".
Cook manifestó que mucho de lo que mueve al proyecto de ley es la política de los miembros de los comités que desean asegurar subsidios para sus estados de origen y conjuran el espectro de la reciente debacle de “la baba rosa” o pink-slime para mostrar lo efectivo que un poco de activismo puede ser. Si no participa es bajo su propio riesgo, dijo Cook. “Te garantizo que obtendrás más de lo mismo o peor”.
Pollan les ofreció el consejo de uno de los empleados de Cook: “Todo lo que necesitas hacer es simplemente llamar a tu representante legislativo y decirle que deseas más alimentos saludables y ambientalmente sostenibles”.
El evento fue una presentación de la Conferencia sobre Conservación Horace Albright de la Primavera 2012 de la Facultad de Recursos Naturales de UC Berkeley.
